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La Oportunidad
Pocas cosas animan más un sector que ver el dinero público fluir. Así está el de Defensa, en plena ebullición, viendo los millones nacionales y europeos surcar los cielos de la industria en respuesta a las terribles guerras que asolan medio mundo, viendo como empresas que no estaban se suman, y las que están buscan recolocarse para participar en la mayor medida posible de la fiesta. Es una oportunidad histórica, que titulaba EY su estudio sobre la industria de Defensa. O no, porque o ponemos las estructuras necesarias o será un brindis al sol, el sueño de una noche de verano y en el medio y largo plazo pagaremos las consecuencias de no haber hecho las cosas bien.
El momento es una oportunidad histórica para la Defensa en su conjunto: Fuerzas Armadas, Industria, Política de Defensa y, de paso, para la conciencia de Defensa. Puede ser un punto de inflexión para el concepto estratégico y para el operativo, para reformular conceptos, leyes, procedimientos, estructuras, que adecúen nuestro sistema al escenario operativo que se ha instalado en el mundo, para las amenazas de toda índole y condición, para actores con los que hace diez años no contábamos y para esa idea de la Defensa extendida que pregona la Comisión Europea. Y, además, para el aluvión financiero que se nos viene, porque o modificamos cosas o no seremos capaces de gestionar la bonanza, que es mucho más difícil que gestionar la miseria.
De entrada, pensemos que la estructura del Ministerio, aunque ha hecho adaptaciones a la situación industrial sobrevenida y haya “fichado” gente de Isdefe y de los cuarteles generales, haciendo algún roto en alguno de ellos, no tiene la capacidad suficiente para absorber un presupuesto de 40.000 millones de euros anual (en el escenario actual y con el compromiso de más inversión en el medio plazo). La industria tampoco tendrá fácil gestionar un volumen de pedidos del calibre que está poniéndose sobre la mesa, para lo que necesita ganar capacidad industrial e incorporar mano de obra cualificada, cosa que no es tan fácil.
El Gobierno ha lanzado 79 programas por 28.000 millones de euros en una apuesta con sus luces y sus sombras. Un esfuerzo que debería equilibrar el corto plazo (adquisición inmediata de capacidades), lo que nos lleva a la necesaria dosis de realidad de que vivir en este punto a espaldas de Estados Unidos e Israel dificulta mucho las cosas; el medio plazo, los PEM; y el largo, el desarrollo de capacidades propias que nos aporten la soberanía, sobre todo en aspectos tecnológicos que se ven poco en la apuesta actual, como el Quantum o la Inteligencia Artificial.
En todo esto hay un espejismo peligroso: que hay mucho dinero en la Defensa. En realidad, contante y sonante no mucho, y sin presupuestos empiezan a saltarse las costuras de la Defensa del presente. Es perentorio no olvidarnos del día a día, del mantenimiento y sostenimiento de los sistemas actuales, algo que se complica sin presupuestos generales del Estado y que está ya generando problemas a las Fuerzas Armadas.
En este momento hace falta afrontar algunas realidades que pongan el foco en los pilares donde se asiente el futuro inmediato y el desarrollo a largo plazo:
1º. La prioridad es lo operativo y la industria debe adaptarse a las necesidades de las Fuerzas Armadas. No al revés.
2º. Las Fuerzas Armadas deben adaptar sus estructuras a la nueva realidad operativa con agilidad y valentía. Una estructura sobredimensionada en la cabeza y con escasa flexibilidad al escenario del nuevo orden mundial las hará menos operativas y ágiles.
3º. Administración e industria deben ser más ágiles, más flexibles, más eficaces. Las Fuerzas Armadas no pueden estar esperando a que la Administración culmine sus procesos burocráticos al ritmo actual ni que la industria produzca con la cadencia que lo hace si no quieren que los sistemas estén obsoletos nada más recibirlos.
4º. Hay que articular de forma eficaz la cooperación público- privada en inversión y en la transición de capacidades del mundo civil al militar.
5º. Hay que afrontar cambios legislativos en la Ley de Contratos Públicos, la Ley de Defensa Nacional, la Ley de la Carrera Militar (otro día hablaremos del personal), la Ley de Presupuestos Generales del Estado, y de forma inmediata, actualizar la Orden Ministerial de Planeamiento de la Defensa, punto clave este puesto que la última data de 2015, derogando la orden ministerial 37/2005 firmada por José Bono.
Estamos ante una oportunidad histórica, sin duda. O no, según se gestione.